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CONFIANZA, RAPIDEZ Y CERCANÍA
SON LOS VALORES QUE NOS DISTINGUEN

Saem Abogados está especializado en derecho penal y extranjería e inmigración. Somos un despacho de abogados con representación principal en Madrid y todas las comunidades de España.

Si es usted un extranjero que quiere residir y vivir en España, estudiar, emprender un negocio, e invertir y comprar inmuebles, puede contar con nosotros para alcanzar sus objetivos.

También podemos ayudarle si es usted un residente comunitarioque quiere ir a trabajar o residir al extranjero, o hacer inversiones fuera de la Unión Europea

Ofrecemos asesoramiento a empresas en Compliance Penal, administración concursal o RR.HH.

Si es usted propietario de un inmueble defendemos sus derechos en las reuniones vecinales.

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¿Pero usted qué quiere un abogado o un pit-bull?

La pasada semana charlaba sobre la profesión con mi compañero XXXXXXX cuandó el tema de la imagen agresiva que algunos ciudadanos tienen de los abogados, a los que se considera unos profesionales que para que te defiendan bien tienen que identificarse plenamente con su cliente desde la perspectiva emocional, es decir, mostrar una actitud agresiva hacía el contrario y su abogado, y, por supuesto, gritar más alto y más fuerte, dentro y fuera de las salas judiciales. De esta guisa, el abogado se transforma en algo parecido a un animal potencialmente peligroso, como un pit-bull, cuyo mérito (el del abogado) radica en dar seguridad a su cliente y enseñar los colmillos amedrantando al contrario.

De esto que hablo saben bien los abogados que se baten el cobre solos o en compañía de dos o tres letrados en pequeños despachos, cuya cartera de clientes acoge un espectro de gente muy variopinta, entre los que, de vez en cuando, aparece uno de estos ciudadanos, convertido en cliente, que no busca un abogado, sino un pit-bull que lo defienda.

¿Quién no ha recibido la censura de su cliente porque el abogado contrarío ha gritado más en el juicio? ¿A quién no le han insinuado que el abogado contrario dice las cosas claras (gritando) ergo la cosa no va a salir bien? ¿Qué letrado no ha sido cuestionado porque el otro abogado ha sido más agresivo?

Esta percepción, que según las últimas encuestas sería prácticamente anecdótica[1], tiene su origen en el desconocimiento de nuestra función y en la nefasta influencia que el cine y algunos programas televisivos tienen en parte de nuestra sociedad, a la que se transmite una imagen que induce a pensar para ser un buen abogado hay que compartir la pasión del cliente y seguir todos sus consignas: no hablar con el abogado contrario salvo que sea para tratar el asunto ¿ Que cliente no se ha enfadado con su abogado porque se ha dirigido a su compañero con amabilidad y camaradería?mantenerse rudo y descortés  con el contrario y su abogado ¿qué abogado no ha sufrido la mirada torva de otro compañero y de su cliente cuando ha llegado a las inmediaciones de la sala de vistas?fajarse en la batalla dejando la última gota de sangre cuando se actúa en sala y un largo etcétera de conductas que nuestro cliente, de ser abogado, no tendría duda en llevar a cabo con sumo placer.

Estas conductas,  que vemos en ocasiones en asuntos de familia o laborales son, a mi modo de ver, no solo completamente inútiles y desacertadas, sino que vulneran las normas deontológicas establecidas para preservar las relaciones entre los abogados.

  • Inútiles porque si bien la gestión de las emociones es fundamental en todo proceso de negociación o litigio, el que el abogado apele a la falta de cordialidad, o lo que es peor, de respeto con el letrado contrario o con su cliente, no conduce absolutamente a nada, sino más bien a ampliar la brecha pasional con la que las partes acceden al litigio, amputando la posibilidad de mediación o negociación con la que se podría dar una solución amistosa al mismo. No podemos olvidar, que nuestra misión reside en cumplir con las funciones de consejo, mediación o defensa  que se realizan con el fin de auxiliar al cliente, al juez y, en última instancia a la sociedad para alcanzar soluciones de la controversia que sean posibles y factibles de conformidad con el ordenamiento jurídico en el que intervenimos. En la medida en la que, tras aceptar el encargo, actuemos movidos por ese rencor a todo lo que se mueva en terreno contario, flaco favor estaremos haciendo a nuestro cliente y a la sociedad.
  • Desacertadas, pues la agresividad poco aporta para el éxito en la defensa del asunto. Los que gritan y hacen aspavientos, deben recordar que la solución a la controversia encuentra su última instancia en la aplicación del ordenamiento jurídico a los hechos que conforman la misma, por lo que las probabilidades de éxito estarán no con el que más grite, sino con el más hábil en la preparación y estudio del asunto, siendo el paroxismo en la defensa indicio claro de falta de preparación.
  • Deontológicamente incorrectas, pues las normas deontológicas preservan precisamente la dignidad del otro letrado y en última instancia la de nuestro colectivo profesional. Ya no por educación, sino por respeto a los cimientos de nuestra profesión, el abogado debe saber que el compañero contario está haciendo exactamente lo mismo que él, es decir, defendiendo los intereses de su cliente, con mayor o menor razón, pero cumpliendo con su cometido, y desconocer esto conduce a una miopía profesional que, tarde o temprano, conllevará al aislamiento e incluso al retiro anticipado, pues como decía Couture, “Olvida. La abogacía es una lucha de pasiones. Si en cada batalla fueras cargando tu alma de rencor, llegará un día en que la vida será imposible para ti. Concluido el combate, olvida tan pronto tu victoria como tu derrota”

Definitivamente, me quedo con el abogado, y que el pit-bull siga disfrutando de su vida perruna sin proyecciones a nuestro campo de actuación, en el que la cordialidad, amabilidad y respeto entre compañeros y con la parte contraria es una realidad innegable y cada vez más desarrollada.

En la medida que contribuyamos todos a extender esta última tendencia estaremos engrandeciendo nuestra profesión.

SI USTED BUSCA UN BUEN ABOGADO

 

Si Usted busca un BUEN abogado… La relación entre el abogado y sus clientes se basa fundamentalmente en la confianza. Tal y como establece nuestro código deontológico, todo abogado en su actuar debe atesorar las virtudes de honradez, probidad, rectitud,  lealtad, diligencia y veracidad. Y esas virtudes son las que todo cliente debe buscar en su abogado de confianza.

La mercantilización de nuestra profesión en las últimas décadas ha generado una disyuntiva en la forma de ejercer la profesión, disyuntiva que afronta el abogado en el momento de asesorar a su cliente. El abogado como profesional liberal, empresario o empleado de un despacho, deberá elegir entre asesorar correctamente a su cliente en aras de solucionar su problema lo más eficaz y eficientemente posible, logrando el mejor resultado, a pesar de que ello suponga una menor retribución, o bien, asesorar teniendo en cuenta, no sólo los intereses de su cliente, sino su propio beneficio.

Por un lado, la profesión del abogado, por su importancia social en tanto que defensor de los derechos de los ciudadanos, debe siempre ejercerse de una manera honesta, digna, independiente y con la máxima competencia. Por otro lado, muchas veces, el respeto a los principios fundamentales del ejercicio de la defensa chocan frontalmente con el modelo de despacho moderno, más similar a un vendedor de artículos de ocasión, que a un profesional que defiende los bienes más preciados que una persona tiene, sus derechos.

Es por todo ello, que el cliente, en el momento de buscar su abogado de confianza en el que depositar los asuntos más delicados de su vida, debe tener en cuenta que tipo de profesional quiere contratar. La arenga al pleito en los medios de comunicación no quiere decir necesariamente éxito asegurado o que ello sea la mejor solución a su problema. Cada persona tiene unas circunstancias, y aunque existen casos similares, no son exactamente iguales. Es por ello que el estudio detenido de cada asunto y el trato personalizado son fundamentales en el ejercicio de nuestra profesión.

Si usted busca un despacho de abogados, en el que los profesionales se involucren en su asunto, con profesionalidad, cercanía y afán de éxito, llámenos, no se sentirá defraudado.

Y ahora que ya me conoce, indíqueme en que puedo ayudarl@.

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